¿Te acuerdas de las clases de lengua del colegio? El otro día me estuve acordando de aquella historia que nos repetían todos los años, de los narradores en primera o tercera persona, en segunda es menos común, y suelen ser cartas o historias dedicadas. Estaban los narradores que eran personajes de la historia y estaban los omniscientes, esos seres poderosos que sabían todo lo que pasaba a todos los personajes de la historia, sabían lo que les pasaba a todos por la cabeza en todo momento. Estos narradores solían ser en tercera persona, y no tener nada que ver con la historia, solo eran una voz en el cielo que lo sabía todo.
Una vez fui narrador omnisciente en una obra del colegio. Tenía que sentarme en una de las esquinas delanteras del escenario, y recuerdo que fue uno de los momentos más humillantes de mi vida porque se me salió de los vaqueros una pieza de ropa interior que se había colado en el lavado, y no conseguí que pasara desapercibido. Sorprendentemente, eso no me quitó las ganas de actuar, y años después seguía participando en obras. A lo que iba, alguna que otra vez, sin embargo, aparecen narradores omniscientes que además están involucrados en la historia, bien un amigo de los personajes a quien le cuentan todo, bien uno de los propios protagonistas. En nuestra historia hay de los dos, amigos en común con quienes ambos hemos hablado, y luego estoy yo, que te conozco lo suficientemente bien como para casi adivinar lo que piensas, por mucho que digas que me equivoco.
Supongo que como narrador tendré que describirte. Diría que eres una persona inteligente e involucrada, dulce y buena. Si tuviera que contar nuestra historia hablaría de conversaciones interminables, aspiraciones, sueños y cenas, películas y discusiones, problemas y sentimientos. Pero en esta ocasión no quiero arriesgarme a que se me salga una prenda de ropa interior de los vaqueros, quizás no soy una buena elección como narrador de nuestra historia.

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